Partidos políticos y Poder Legislativo

Lunes 1 de marzo de 2021. Los candidatos que postularán los partidos políticos para competir en las elecciones de Diputados Federales y Gobernadores el próximo 6 de junio, en algunos casos han provocado una serie de reacciones negativas por tratarse de aspirantes que exhiben una militancia saltarina de un partidos políticos a otro, o por haber sido designados por amiguismo, nepotismo, o por no tener ni antecedentes ni perfil político y sólo ser personajes famosos, como es el caso de artistas, deportistas y luchadores; mientras que en otros casos, destacan las protestas y señalamientos a candidatos por estar presuntamente vinculados con la comisión de actos delictivos como violación, acoso sexual, tráfico de drogas, lavado de dinero, homicidio, etc.

Estos señalamientos deberían ser suficientes para hacer que los partidos políticos recapaciten, rectifiquen su proceder y retomen el importante papel que tienen frente a la sociedad y al Estado.

La Constitución y la ley les asigna el papel de protagonistas en los procesos electorales, y en la integración de las instituciones de representación y de gobierno, como lo son el Congreso de la Unión, los Congresos Locales y en este caso, donde se eligen a los titulares del Poder Ejecutivo de las Entidades.

Sin embargo, a pesar de tener estas importantes atribuciones, ¿por qué los partidos políticos han perdido la credibilidad y confianza de la sociedad, siendo ahora las instituciones menos estimadas por los mexicanos?  

La respuesta es concluyente: los partidos políticos tienen esta condición porque han incumplido su función de socialización política y abandonado la educación democrática de los ciudadanos, lo que en automático los ha vuelto incapaces de vincularse con las aspiraciones y los intereses de la sociedad, y ha extinguido su compromiso para articular las justas demandas y reivindicaciones de la sociedad.

Asimismo, el hecho de representar y proteger intereses contradictorios, los ha hecho perder identidad, lo que se refleja en una inocua función legitimadora del sistema político y en el abandono de su función de promoción y fortalecimiento de las instituciones y los procedimientos democráticos, y del compromiso ineludible de salvaguardar los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Los partidos en esta función institucional, tienen que participar en la integración de los órganos del poder público encargados de la cosa pública, es decir, de la administración de los asuntos de todos, pero al dejar de impulsar las carreras políticas de sus militantes y hacer a un lado los procedimientos democráticos en la selección de candidatos, enmarcan su funcionamiento en un modelo oligárquico, cuya dinámica no ofrece a la ciudadanía opciones, ni oportunidades, ni participación en una toma de decisiones, que considere los intereses y deseos de las bases, ni ofrece proyectos y programas políticos; y de manera grave, renuncia a su obligación de constituirse en un efectivo sistema de pesos y contrapesos del gobierno.

Recordemos que el concepto de control parlamentario debe entenderse como la suma de instrumentos y mecanismos para desarrollar un amplio control y fiscalización de la actuación de las actividades del gobierno, para exigir eficiencia en la visión que constitucionalmente se asignan a tales instituciones. (https://bit.ly/3qZAJGY). Hoy estamos en un mundo al revés

El déficit funcional de los partidos políticos se agranda, debido a que han perdido su capacidad para canalizar la opinión pública, han dejado de ser los espacios idóneos para cumplir esta función; han enmudecido, ya no opinan, ni formulan propuestas.

En los Poderes Legislativos, no vemos a los diputados discutir los asuntos del quehacer público con debates informados. Es patético y constituye una verdadera tragedia.

Al respecto, Cecilia Mora-Donatto nos recuerda que “Es necesario recobrar la conciencia de la enorme importancia y trascendencia que tiene el Congreso como institución democrática del Estado mexicano” (https://bit.ly/3qZAJGY)

Una selección de candidatos tan cuestionada como la presente, al haberse realizado sin atender métodos y procedimientos democráticos internos, tendrá consecuencias funestas.

La sociedad mexicana está urgida de un rumbo cierto… “Por eso es importante que los candidatos de todos los partidos políticos e independientes, cobren conciencia que compiten para ocupar un puesto que reclama compromiso, preparación y capacidad, que garanticen una participación responsable en el proceso de aprobación de leyes concisas, simples, precisas, claras, no redundantes, operativas, que faciliten su interpretación y cumplimiento… que sean reguladoras de la conducta social con un carácter dinámico que aborde áreas que inciden en el comportamiento humano.” (https://bit.ly/36Ptvhg)

Sin embargo, según la misma autora, “No se puede menoscabar la idea de que el congreso es una institución necesaria para la construcción, consolidación y continuidad en nuestro incipiente sistema democrático. La capacidad del congreso de representar así sea de manera imperfecta la pluralidad de tendencias, intereses y voluntades existentes en la totalidad de nuestra comunidad política, no se encuentra en ningún otro organismo o institución, además de la consideración de su legitimidad que deviene de estar integrado por representantes nacionales.”

Por esta razón es muy importante que tengamos presente la sentencia de Kelsen, en el sentido de que: “No hay más democracia posible que la democracia parlamentaria, de tal manera que la suerte del parlamento depende la suerte de la democracia como forma de Estado.”

Todos debemos contribuir a la construcción de una nueva legitimidad funcional del Congreso, que encuentre su fundamento en entender su naturaleza representativa, y acordar un nuevo concepto de ver su función legitimadora; su función legislativa, creadora de normas con rango de ley; y la función de control parlamentario; para lo que es necesario revisar su organización y funcionamiento y valorar la adecuación de su marco jurídico.

El Congreso es la institución que legítimamente representa a los mexicanos. Es triste constatar que la sociedad no es capaz de experimentar ningún sentimiento de aprecio e identidad, ni con la institución ni con sus integrantes, a quienes ha situados entre los políticos y las instituciones menos conocidas y estimadas. Considera que ha perdido legitimidad y tiene graves deficiencias de funcionamiento, que lo ha vuelto incapaz de dar respuesta a las necesidades de una sociedad en permanente movimiento y con un proceso de desarrollo expansivo y demandante.

Agenda

  • La fortaleza de la democracia parlamentaria debiera ser reflejo del profesionalismo de la Auditoría Superior de la Federación, que echó por la borda el poco crédito que había ganado, al pronunciarse respecto de la auditoría al ejercicio 2019.

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