La Trasformación Nacional y el Divisionismo político

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las democracias modernas han trascendido las lógicas de la verticalidad del poder político, ampliando el radio de acción social y las conquistas ciudadanas que hoy se elevan por encima de los intereses mezquinos y sectarios, sin que ello implique, todavía, la plena horizontalidad para trascender a una sociedad justa y en igualdad de oportunidades, con y para los ciudadanos.

La transformación de la Nación ha iniciado a un ritmo vertiginoso; donde un nuevo estilo de hacer política impulsa cambios que pretenden sustituir las antiguas prácticas de verticalismo político, por la horizontalidad social, en una tensa relación socio-estatal.

En medio de esta difícil convivencia, se da un escarceo político entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial, que perfila un divisionismo en las estructuras institucionales; entramado que merece ser escudriñado exhaustivamente, para dar paso a una reflexión de fondo sobre el Modelo Político de la Cuarta Transformación de la Vida Política de la Nación.

La redefinición de la nueva institucionalidad y forma de gobernar, ha provocado reacciones cuyas consecuencias causan incertidumbre y dudas, no sólo de las fuerzas políticas, sino también de la ciudadanía, sobre si la probidad del Estado acompañada de la planeación, el seguimiento, la evaluación y la participación corresponsable de la ciudadanía, es la piedra angular de toda transformación social, más allá de sólo la voluntad política unipersonal.

En este sentido, la respuesta gubernamental a la focalización de las diferentes problemáticas sociales, no puede convertirse en un diálogo de sordos, que por su mezquindad, nulifique el consenso ciudadano, lo cual es peligroso y revela la necesidad de una praxis política que proscriba la intervención y obstrucción en los radios de competencia y la acción de los poderes públicos.

El país requiere una evolución política cuyo sustento ciudadano termine con los resabios del autoritarismo y el control vertical del poder, pero ello impele repensar la política y desarrollar la colaboración e interdependencia política y social. No se puede asumir una nueva retórica con prácticas añejas, que impidan el sano desenvolvimiento público y capturen al Estado, porque en ello se fundan los regresionismos políticos, que hoy aquejan a la democracia y generan desánimo y desconcierto social.

Allí donde no existe un verdadero desarrollo político incluyente, donde se disfraza la debilidad de la autodeterminación colectiva de la ciudadanía, y se ignoran las potencialidades del asociativismo y de la horizontalidad política, se instala la pseudo-democracia.

Por ello, es menester preguntar ¿cómo debe el Nuevo Modelo de Transformación Nacional construir una democracia de oportunidades para todos?

La consolidación política del país no puede sustraerse del avance progresivo marcado por la postransición democrática que hoy hereda el nuevo gobierno. Se debe trascender la confrontación perenne y no crear condiciones proclives al divisionismo político. Mantener esta condición exige seriedad y compromiso social, requisitos que se construyen desde el piso ciudadano, para potenciar la autodeterminación colectiva en una democracia inteligente y verdadera. La atomización política habrá de incubar una democracia ciega e incapaz de impulsar el colaboracionismo reflexivo que debe presentar una sociedad madura.

La ciudadanía demanda que se le brinden oportunidades para construir su desarrollo y el impulso de una cultura política de participación ciudadana organizada, gestora y promotora del cambio social; esta es la esencia de la horizontalidad, que hasta ahora no ha primado en las acciones de un gobierno, que haga del Estado Democrático de Derecho la lógica formal de sus acciones.

El problema se agrava cuando las palabras no acompañan a los hechos públicos, lo que muestra una sociedad secuestrada desde la captura del Estado y marginada de la toma de decisiones, afectada por el síndrome de abstinencia política, que difícilmente rechaza prácticas políticas proclives a la exclusión social.

Construir un nuevo modelo de desarrollo político implica abrir el gobierno a la corresponsabilidad ciudadana y nunca segregar a ninguna fuerza política de la toma de decisiones. Toda transformación política es siempre producto de la transformación societal; precisa lograr que los antagonismos dejen su lugar al racionalismo ciudadano; y que en los espacios del quehacer público, las medidas se tomen de abajo hacia arriba y no viceversa.

En esta tesitura, ¿qué viabilidad y lógica tiene una transformación política, que crea condiciones para el divisionismo social?

La historia nos alecciona que el riesgo y costo social de la atomización y el divisionismo, sólo provocan desencuentro y tragedia; se debilita la estructura institucional; se pierde la fuerza de la concertación progresista que le otorga el asociativismo y la racionalización de la voz ciudadana; y se ocasiona un vacío de poder, que genera ostracismo social.

Las pseudo-democracias que hoy oscilan entre el populismo y el fascismo, son suficientemente aleccionadoras para entender que allí donde el pueblo ha sido marginado y sustituido por la retórica de escritorio, se fracturan los vasos comunicantes de la sociedad. Ante la presión política de estructuras autoritarias de un republicanismo disfrazado, se agigantan las condiciones de verticalismo, porque resultan inaceptables en una era de cambio político y social para la Nación.

Los rasgos distintivos de la transformación política deben superar las luchas antagónicas, evitar la fragmentación institucional y no supeditar los intereses ciudadanos a la captura del Estado.

El porvenir de la Nación impone superar los márgenes estrechos de una evolución política cuyas transformaciones no pueden crear divisionismos y fragmentaciones fratricidas; en ello radica el quebranto social. Esta es la vía de la comprensión política que hace de la corresponsabilidad ciudadana, el vínculo unitario que honra el Contrato Social.

Agenda

  • Se subsanaron los errores de la Reforma Constitucional en materia de educación, que había suprimido la autonomía universitaria y el proyecto de Presupuesto de Egresos 2019, les aplicaba un severo recorte.
  • Se aprobó la Ley de Ingresos en medio de varias pifias que dejan en entredicho la pericia de los nuevos Diputados Federales, así como la falta de entendimiento que priva al interior de la fracción parlamentaria de Morena y su incapacidad de construir acuerdos con las fuerzas opositoras.
  • En el estado de Hidalgo dio inicio el programa de las 100 universidades que impulsa el nuevo gobierno, que fijó una asignación presupuestal de diez millones de pesos por universidad.
  • Se dio inicio al Tren Maya con un ritual de los pueblos indígenas a la Madre Tierra.
  • Agradezco a mis lectores por un año más unidos a la Red por la Rendición de Cuentas (RRC) y les deseamos dicha y bienestar para sus familias en esta Navidad y Año Nuevo 2019.

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