Los Valores de la Cultura Cívica y la Transformación del Sistema Político

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué factores provocan la pérdida de identidad social en un país que presenta un absurdo ostracismo político, donde sus ciudadanos se hallan más cerca, pero se sienten ajenos y extraños entre sí y aislados de la vida pública?

La democracia se ha vuelto compañera de este laberinto de la soledad. No otorga inserción ciudadana en la construcción de la tarea gubernamental. Es incompleta y excluyente, sectaria y discriminadora, y en ocasiones, lasciva y esquiva en un extravío político que exilia a los ciudadanos del porvenir de la Nación.

Sin duda la erosión de la cultura cívica que hoy presenta este síndrome de extravío resultado de la erosión identitaria, impone resignificar los valores de comunión societal, que diluidos por los usos y abusos del poder han negado e ignorado la soberanía del pueblo.

Es difícil ser mexicano y sentirse un extraño de la patria, y admitir que la solidaridad que hemos mostrado como sociedad, sólo parece presentarse cuando la tragedia nos embarga.

Hoy sufrimos la derrota de la cultura cívica que por años intentó contener el destierro de la construcción de ciudadanía y el fortalecimiento de la cultura de la legalidad, absurdo que alude un problema de fondo: los principios éticos y valóricos del nacionalismo se volvieron un ícono anquilosado para la interacción humana y sólo son alegoría y retorica festiva, pero no aspecto central de la conducta social de una formación civilizatoria en lo cotidiano.

La investigadora Lourdes Morales Canales del CIDE, advierte que “México vive actualmente una enorme paradoja. Contamos con un marco normativo que reconoce derechos fundamentales, pero estos, no solamente no se ejercen plenamente por todos los ciudadanos, sino que en muchos rincones del país, son sistemáticamente vulnerados.”

En esta tesitura, no podemos comportarnos como simples observadores del desmantelamiento de las estructuras cívicas y éticas de nuestra sociedad. Requerimos imponer un reordenamiento de nuestra educación cívica y ética para una democracia que desde la ciudadanía efectiva y activa, forme los valores que garantizan en la horizontalidad social, la construcción de oportunidades.

No podemos olvidar que la cultura cívica es una dimensión transversal de la realidad, que no está disociada de la edificación gubernamental ni de la vida misma, pero que al no estar de manera nítida en nuestras preocupaciones públicas, lastima el proceder del tejido social, que ha caído en las inercias de una ciudadanía indolente que se diluye con facilidad.

Pero, ¿por qué debe importarnos la cultura cívica?

Porque hoy se pretende crear transformaciones profundas que marquen un nuevo rumbo de la Nación, y las preocupaciones de fondo no aparecen desde la visión de modernización salubre y sin corrupción de la acción pública; tampoco están en el rechazo a la impunidad de autoridades que no se comporten con probidad en la concreción de la tarea gubernamental; ni han sido esbozados con claridad y pertinencia, vinculadas a los fundamentos primarios de la cultura cívica, que hace posible darle magnitud, sentido y legitimidad a las acciones gubernamentales.

He insistido que en el trazo unitario de la Nación, existen actores, ciudadanos y políticos, cuya presencia se debilita exponencialmente cuando sus esfuerzos caminan disociados ya que no aciertan a descifrar que el Estado se construye desde la cultura cívica, en los valores democráticos, y en la legalidad expresa del Contrato Social, que empolvado y olvidado, sigue siendo la premisa de armonización irrestricta que perfecciona las relaciones identitarias y otorga un valor fundamental al Estado Democrático de Derecho.

En este contexto, nos alecciona el análisis de diferentes organizaciones públicas y privadas que perciben con nitidez el deterioro de la cultura cívica y sus valores ético-sociales, de ellas recupero el Informe País y La Estrategia Nacional de Cultura Cívica (ENCCIVICA) desarrollados por el Instituto Nacional Electoral (INE), que han permitido plantear desde las lógicas de las expresiones cívicas de la sociedad mexicana, sus nexos con las anomias de la corrupción, la impunidad, la discriminación y la desigualdad.

Esta preocupación advierte que el desarrollo humano no es posible si no se afianzan los valores cívicos y éticos que permitan marcar el horizonte común. Ello no es retórica de escritorio o diálogo demagógico, sino una prescripción hacia los elementos que hacen posible que la interacción social se fortalezca y que la praxis democrática se convierta en una lógica de respeto y acción cotidiana.

¿Cómo se puede transformar el país al margen del conocimiento expreso de la cultura cívica que otorga comunión e identidad social?

La respuesta es evidente, la cultura cívica como signo de identidad societal de las estructuras civilizatorias, encumbra los afectos patrios y los elementos que hacen de la pertenencia, la frontera de la atomización social que perceptible a simple vista, nos convierte en extraños y extranjeros en nuestra propia patria.

No podemos pensar en las libertades que hoy tenemos como ciudadanos, ignorando que fueron conquistadas desde el sentir patrio y son producto de una historia común.

Las nuevas estructuras de poder y ciudadanas, tendrán que crear mecanismos para que la democracia sea una dimensión cívica de participación social efectiva y activa, que provistas de instrumentos legales propios y de una dinámica social que construya organismos ciudadanos, se integren en la toma de decisiones del Estado.

Debemos insistir en la necesidad de aprobar una Ley de Cultura Cívica que constituya el rostro de una ciudadanía deliberante y abierta en la toma de decisiones de la esfera pública y prohíje la construcción y fortalecimiento de los signos vitales de la ética del Estado, que la distingan como una sociedad capaz de generar oportunidades y condiciones igualitarias y, si no es mucho pedir, donde la justicia sea para todos.

Los ciudadanos no podemos seguir siendo los herederos de la diáspora política del Sistema de Partidos y sus actores. Ha llegado el tiempo donde la transformación de la patria se edifique en el crisol de nuestra cultura cívica que invariablemente marcará el porvenir de la Nación.

Agenda

  • La Consejera Presidenta del IEEH, Guillermina Vázquez Benítez, anunció que el próximo jueves 23 y viernes 24 de agosto, se llevará a cabo el Sexto Encuentro Nacional de Educación Cívica en la Ciudad de Pachuca de Soto, Hidalgo, expresando que “Infundir la cultura cívica en la población es una de las tareas principales… [para] fomentar la observancia y el cumplimiento de las leyes… [y] el respeto a los Derechos Humanos de todas y todos.”

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