La Cultura Cívica y el Debate Político Propositivo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El impacto de los debates políticos ha marcado un discreto ascenso de la calidad democrática, sin que ello haya podido frenar la creciente desafección ciudadana en las estructuras institucionales, de cara al proceso electoral del 1º de julio de 2018.

El tercer debate de este proceso electoral es una oportunidad inmejorable para que los candidatos a la Presidencia de la República, den solidez a sus propuestas y eviten la violencia que ha imperado en los anteriores. Deberán centrar sus propuestas con claridad y marcar el rumbo de la estabilidad financiera y productiva para generar la fuerza económica y las oportunidades de desarrollo social que demanda la población.

El análisis crítico del proceso de desafección política de la ciudadanía, debe orientar los criterios de partidos y candidatos, para que el debate político constituya una herramienta de la cultura cívica, que permita elecciones en las que nuestro derecho a sufragar se manifieste en un voto programático, que exija a quienes resulten electos el cumplimiento de sus obligaciones legales y sus compromisos electorales y no sea sólo el depósito de la boleta en la urna.

La contradicción de fondo de esta realidad, estriba en que la ausencia de debates propositivos ha empobrecido la cultura cívica y causado desorientación social, porque se convierten en verdaderas carnicerías focalizadas en ataques personales que atienden a un proceso de salvajismo político, donde la violencia amenaza al sistema democrático.

La violencia discursiva y semántica de los candidatos, resulta peligrosa y contradictoria cuando hablan de seguridad, derechos humanos, estabilidad y armonía social, en medio del saldo rojo de más de cien políticos asesinados durante este proceso electoral, que constituye un serio revés para la paz social y una llamada de atención al Estado. (Cfr.https://cnn.it/2sPOCLN)

La confusión y la desorientación política son las constantes discursivas de los candidatos, que no transfieren ideas claras, concretas y propositivas, lo que eleva las tensiones sociales y reafirma el desconcierto ciudadano, creando espacios de controversia cuya incidencia social es devastadora.

En esta paradoja, ¿Cuándo el ciudadano será prioridad y rasgo distintivo de la acción de los candidatos? ¿Cuándo se dejará de lado la descalificación histriónica para edificar propuestas que consoliden la cultura cívica de una clase política de primer mundo? ¿Cómo hacer del debate político una herramienta de pedagogía ciudadana? ¿Cuándo se interesarán en saber lo que espera el ciudadano de un debate político?

Las respuestas deben considerar que para el ciudadano común es difícil establecer en una sola exhibición los puntos de encuentro y contrastes de las propuestas políticas, máxime en una era donde el peso de una sociedad teledirigida ha causado ignorancia y control de grupos de poder sobre la ciudadanía.

También debe calificarse la conducta ciega de los candidatos, que no percibe que se demanda un debate para conocer las plataformas y propuestas programáticas que constituyen el corpus gubernamental del ejercicio público, y que existe un creciente interés social de compartir reflexiones abiertas del ejercicio público en el debate político.

Adicionalmente, debe tenerse en cuenta que la propuesta en muy raras ocasiones contiene planteamientos sustantivos de orientación pública; así como la inexistencia de mecanismos para que la ciudadanía participe abiertamente desde la calle, el trabajo, la casa, o la escuela, como un interlocutor que exprese su sentir respecto a la edificación del ejercicio electoral y de gobierno.

Los vasos comunicantes de esta problemática política podrían sanearse si la cultura cívica se erigiera como el puente entre la institucionalidad, la ciudadanía y los partidos; para crear una identidad política capaz de generar un proyecto de país incluyente, donde la cultura cívica sea una virtud y no el rostro del desencuentro social, que hoy aparece prohijado por la violencia de quienes aspiran a ser representantes populares.

Es sintomático de toda disfunción gubernamental y erosión institucional, el alejamiento de la sociedad civil de la participación en el quehacer público, lo que es un signo inequívoco de que se requiere generar una identidad política para que los vínculos ciudadanos se multipliquen y propicien un diálogo inédito de entendimiento y concordia en la historia del país.

Es necesario, como he señalado, afianzar las estructuras comunitarias y vecinales hacia la identidad política de una ciudadanía de vanguardia, que permita elevar la voz y articular nuevas formas de organización social en una relación socio-estatal asociativista, horizontal y de preservación del Derecho Humano a la Participación Ciudadana.

El ciudadano requiere oponer la cultura cívica a la violencia imperante, porque sus lazos solidarios afianzan la calidad democrática, pero ello exige que el debate trascienda hacia una pedagogía política, que respete desde la propuesta el voto programático, para que el ejercicio de gobierno no sea una condición reactiva y verticalista, sino el fiel reflejo de una representación ciudadana, que hace de los principios del buen gobierno, un espacio de accountability, como la constante del poder soberano que satisface más allá de la rendición de cuentas, la confianza social.

En esta perspectiva de reinstitucionalización hacia el horizonte del buen gobierno, es necesario insistir que el tejido social clama por edificar un Instituto de Participación Ciudadana (IPC), cuyos vínculos construyan una nueva visión de hacer política y afiancen la toma corresponsable de decisiones gubernamentales.

No podemos aceptar la violencia que hoy impera y desangra al país en el crimen político. La descomposición social no fecunda en un orden sistémico donde el ciudadano se identifica con la política, y es hacedor de la democracia que hace suyo al gobierno y le da significado a la vida, a la fraternidad y a la paz social.

La reflexión de fondo es clara: todos somos responsables de preservar el Estado Democrático de Derecho que hoy amenaza la violencia, y sólo presagia la división y la barbarie contra nuestro pueblo, en detrimento de la unidad nacional.

La política y su virtud social exige devolverle al pueblo el predominio de su voz en el gobierno para cimbrar nuestras conciencias; pero este despertar de la patria, sólo será posible cuando la política no sea parcela de unos cuantos, sino el capital de nuestra cultura cívica, que nos une, hermana y dignifica.

Agenda

  • El decomiso de 793 mil armas, entre pistolas, rifles, cargadores y cartuchos; la mitad efectuada en meses recientes, según informaron los investigadores Erick Ramírez y Enrique Hernández, (https://goo.gl/T1F8nq), advierte la gravedad de este hecho por sus probables vínculos con la violencia política.

 

  • Nuestra solidaridad y pésame al pueblo de Guatemala por las víctimas causadas por el Volcán de Fuego.

 

  • Lamentables consecuencias tendrá el fracaso de las negociaciones de la Cumbre del G-7.

 

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