Liderazgo Político e Integracionismo Internacional

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El sistema político y de gobierno de un país, actúa como catalizador de las expectativas de desarrollo social y humano, ya que de su estabilidad depende la funcionalidad eficaz de las estructuras gubernamentales y una mayor generación de oportunidades para los sujetos sociales.

Cuando el sistema político y de gobierno no admite la corresponsabilidad ciudadana en la toma de decisiones o limita su incorporación, se debilitan las respuestas del Estado, y tanto la legitimidad de sus acciones, como su credibilidad, experimentan reacciones proclives a la ingobernabilidad y a la desafección social.

La comparecencia del Presidente Enrique Peña Nieto a la 71 Asamblea General de la ONU, en el marco de la Reunión de Alto Nivel para atender los Grandes Movimientos de Refugiados y Migrantes, se inserta en un momento histórico delicado, porque estos flujos, han puesto a prueba la capacidad de liderazgo político y la operatividad del modelo de integracionismo internacional.

Los países desarrollados enfrentan la crisis migratoria internacional provocada por los flujos de desplazados que provienen de países en conflicto y de migrantes de economías emergentes.

Esta crisis se ha agudizado en los últimos años a partir de conflictos políticos, étnicos, religiosos, económicos y culturales. De acuerdo a la oficina de ACNUR a finales de 2015 la población de migrantes fue de 63,9 millones de desplazados forzosamente, refugiados y desplazados internos.

El Presidente de la República, expresó en la Asamblea General que, “México es un país de origen, tránsito, destino y retorno de personas”, y enfatizó la necesidad de incorporar a la normatividad internacional en materia de asistencia a refugiados y migrantes, mecanismos regulatorios que coadyuven a la atención y comprensión de la migración como problema supranacional, y a redefinir la actuación de los gobiernos mundiales para que brinden oportunidades y garanticen los derechos humanos como políticas de Estado.

El desplazamiento de refugiados en el mundo tiene una marcada tendencia desde el siglo XIX. En nuestros días, el conflicto en Siria y la migración de países africanos han generado una crisis humanitaria sin precedentes, su complejidad enuncia la dificultad para articular una  respuesta idónea por parte de los países europeos y de Estados Unidos que son los de mayor incidencia de destino de refugiados y migrantes.

América Latina también ha experimentado un ascenso del flujo migratorio proveniente de países como la República Democrática del Congo, Kenia, Ghana e inclusive del sudeste asiático y de los países centroamericanos y caribeños Cuba o Haití hacia los Estados Unidos de América.

La migración internacional adquiere un matiz multidimensional. No está  acotada sólo a factores políticos, ideológicos y económicos, sino también a problemas religiosos, identitarios, étnicos y climáticos, lo que da origen al multiculturalismo, cuya magnitud y complejidad ha rebasado la capacidad de  gestión del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

El Informe “Tendencias sobre la migración internacional, revisión 2015”, señala que hasta 2013, México fue el país con el mayor número de migrantes en el mundo, con 13 millones, superando a India, que contaba con 8.8 millones y ahora encabeza la lista con 16 millones.

En ese año, 12.95 millones de mexicanos vivían en Estados Unidos, cifra que se redujo a 12.05 millones en 2015, de un total de 12.4 millones radicados en el extranjero; de ellos, 6.57 millones son hombres y 5.76 millones son mujeres de los que, 250 mil, son hidalguenses.

Como país de destino, México contó en 2015 con un millón 193 mil extranjeros, de los que 876 mil fueron de nacionalidad norteamericana. En el mundo somos el país en el que más estadounidenses extranjeros radican.

En este escenario, el Presidente Peña Nieto advirtió con razón que el problema  debe ser atendido desde un enfoque de derechos humanos que establezca obligaciones para los estados en favor de los migrantes, consideración hasta ahora no atendida para la integración migratoria global.

De igual manera, es necesario revisar las condiciones multifactoriales y los efectos sociales de los asentamientos solidarios de refugiados y migrantes.

No basta garantizar la probidad jurídico-política del Estado.

Es necesario fortalecer el modelo de absorción migratoria de los países miembros de la ONU, para encausar las resistencias socioculturales que suelen desatar desencuentros sociales, tanto de los habitantes de los países receptores, como de los refugiados y migrantes. Alemania es la muestra que ejemplifica este fenómeno.

En este entramado, ¿qué papel juega el liderazgo político, en la funcionalidad del modelo de asimilación sociocultural?

Los países receptores de refugiados y migrantes no tienen un conocimiento pleno de las acciones que deben emprender para garantizar los procesos de asimilación sociocultural, lo que no propicia la integración de los migrantes y convierte al país receptor en un país de destierro, con todas las implicaciones que ello tiene.

Asimismo, en la ayuda y asistencia a refugiados y desplazados, incide la desconfianza, incredulidad institucional y reacciones anímicas a los escenarios solidarios y de integración multicultural.

Problemas a los que se suma la inopia de la ONU que no genera condiciones de armonización internacional con soluciones políticas globales, ni atienden con eficacia los procesos de mundialización del tránsito de personas, mercancías, información, y la necesaria modernización jurídica y burocrática de los estados.

En este escenario, lo propuesto por el Presidente Peña Nieto cobra relevancia ya que la conducción política de los gobiernos, debe replantear el integracionismo internacional con una perspectiva de derechos humanos fortalecida.

¿Cómo debe enfrentar México los problemas migratorios, en la perspectiva del integracionismo internacional?

La inserción sociocultural de los migrantes mexicanos, experimenta efectos similares a los que presentan los refugiados en diferentes partes del orbe; que al no estar preparadas para participar de un proceso de integración social, sufren el rechazo de gobiernos y ciudadanos, cuyos códigos jurídicos, políticos y culturales resultan distantes y poco comprensibles.

La situación migratoria de mexicanos en los Estados Unidos,  no obedece a problemas políticos o de inseguridad, sino fundamentalmente a la búsqueda de oportunidades de empleo y de mayores ingresos.

México expulsa más personas de las que recibe, condición directamente proporcional al grado de oportunidades económicas y sociales que genera el sistema.

Sin duda los derechos humanos son el espacio de interlocución desde el cual se debe abordar el problema migratorio global, pero no basta con la voluntad solidaria. El liderazgo político juega el rol definitivo en la solución del problema.

Agenda

  • La Oficina en México de la UNESCO presentó el Informe sobre la Educación al Servicio de los Pueblos y el Planeta; señala que el objetivo consiste en “Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”.

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