Plataformas Electorales, Programas de Gobierno y Agendas Legislativas

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 El desafío de partidos y candidatos para triunfar en la contienda electoral es ganar la confianza de la ciudadanía y el respaldo de su voto. Lograr este objetivo implica que el electorado sepa quiénes son los candidatos; tenga información de su oferta política; y valore la credibilidad de sus propuestas y ofrecimientos.

En este contexto, es relevante que la ciudadanía conozca la experiencia, preparación, trayectoria, honorabilidad, y probidad de quienes contienden; así como, que esté convencido que sus demandas serán un compromiso de las y los  candidatos a los que apoye por reconocerles capacidades y liderazgo para conducir los asuntos del quehacer público.

Al respecto, la Plataforma Electoral de un partido político es la base de sustentación de los Programas de Gobierno y de las Agendas Legislativas, que se promueven en las campañas políticas. Empero, su desfase histórico ha provocado que el sistema político, se perciba como un modelo de democracia de élite, donde la ciudadanía considera a la política como causa y mal de sus problemas, y no como la solución de los mismos.

En este trazo político, la oferta electoral de candidatas y candidatos, debe impulsarse desde los espacios de encuentro de la problemática y las demandas sociales, moldeadas en una Agenda Ciudadana, con los Programas de Gobierno y las Agendas Legislativas que promueven, quienes aspiran a ocupar un cargo de elección popular.

Para este propósito, tuvieron que conformar mecanismos para organizar una participación real de cuadros militantes y ciudadanía en general, y promover una amplia deliberación pública, libre, abierta y plural, sobre diversos temas sensibles a la sociedad, que facilitarán al electorado tomar su decisión de voto.

Esta Agenda Ciudadana Abierta debe reflejar los acuerdos y compromisos entre la población y las o los candidatos; generar valor y coherencia a cada uno de sus objetivos y proyectos definidos colectivamente con perspectiva de horizontalidad, corresponsabilidad y transversalidad; fomentar su apropiación; y encausar su inclusión en los instrumentos normativos y de planeación que regirán la acción de los futuros gobiernos.

En esta perspectiva, la participación ciudadana no estaría restringida a la elección de los integrantes de los poderes públicos, sino tendría la capacidad de trascender a la toma de decisiones de planes y programas del quehacer público.

El proceso electoral avanza con celeridad, y los tiempos y movimientos de las campañas políticas demandan intensificar la difusión y conocimiento de las propuestas de Programas de Gobierno y Agendas Legislativas; así como la trayectoria política, experiencia, visión y el compromiso social que impone la capacidad y profesionalismo de candidatas y candidatos.

El electorado no espera la reinvención de la política. Espera la certidumbre de contar con interlocutores sociales capaces de concretar un programa de gobierno, con legítimos portavoces de los intereses de la ciudadanía y no sólo, con intermediarios improvisados que capitalizan en su favor los dividendos del sufragio.

Este propósito exige que partidos y candidatos rectifiquen su actuación. Es necesario que se aparten del anquilosado modelo de difusión de información electoral, que ha tratado de sustituir la vocación y el compromiso político, con la excesiva mediatización del proceso electoral.

No se trata de reducir el valor de la información. En los hechos no existe política sin comunicación, pero no se puede hacer de la política la representación fallida de un proceso mediático. Esto no le basta ni le convence al pueblo, que busca la concreción programática y exige la profesionalización y probidad de las y los candidatos.

Es inadmisible tolerar los vicios de la comunicación. El spotismo jamás sustituirá la coherencia política fundada en propuestas de calidad y mando cumplido. Los excesos demagógicos y populistas derriban toda posibilidad de establecer un verdadero vínculo moral del ejercicio público.

El proceso electoral no es un espectáculo circense o histriónico. La política se realiza cara a cara, no es marketing ni frivolidad mediática; no se pueden repetir las retóricas mesiánicas ante la ausencia de propuestas relevantes para la transformación social. Es necesario edificar los procedimientos que concreten las aspiraciones sociales en la corresponsabilidad del ejercicio de gobierno; no se puede convertir al ciudadano elector, en televidente del quehacer público, ni crear una sociedad teledirigida.

La ciudadanía entiende que el ejercicio de gobierno no es ni un acto de buena fe, ni depende de la voluntad de un candidato, sino el trabajo cierto de un plan de gobierno, centrado en las necesidades sociales y en el respeto a la dignidad del Estado.

Promesa y esperanza son males endémicos que deterioran la calidad política y el profesionalismo de servidores públicos; son espejismos famélicos que ya no convencen a nadie y no tienen cabida en un proceso electoral y mucho menos en el ejercicio de gobierno. La ciudadanía exige el destierro de estas prácticas clientelares y de procesos electorales tenues, insípidos y carentes de la fuerza de conducción política que espera la ciudadanía.

A dos semanas de la elección, partidos y candidatos deben fortalecer el proceso electoral para que las propuestas de sus Programas de Gobierno y Agendas Legislativas, aborden los objetivos y metas que deberán alcanzar, otorguen sentido a la visión comprometida en las campañas, y tracen el  rumbo de sus mandatos.

Las democracias no pueden pasar por alto el rechazo y la desafección política que experimenta el ejercicio público, el sistema de partidos y la clase política. Las instituciones no pueden permanecer en la inconcreción de las tareas públicas. Hoy deben garantizar un responsable y sano ejercicio de gobierno.

Por encima y más allá del statu quo y de las pretensiones personales en la conducción del quehacer público, está la voluntad del pueblo. No puede haber política sin escrúpulos; el malestar ciudadano frente a la democracia es hoy el fiel reflejo de la inconcreción y la carencia de resultados.

Agenda

  • El Presidente Enrique Peña Nieto en el día internacional de la lucha contra la homofobia, firmó la Iniciativa de reforma al Artículo 4º Constitucional para incorporar el criterio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de reconocer como derecho humano, que personas del mismo sexo puedan contraer matrimonio sin discriminación alguna.
  • Se acordó celebrar el periodo extraordinario del Congreso de la Unión el próximo 13 de junio, están agendados: el paquete de siete leyes del Sistema Nacional Anticorrupción; la reforma que establece el Mando Mixto Policial; la reforma para regular el uso medicinal de la marihuana; y la miscelánea penal.
  • Descanse en paz Don Luis Héctor Álvarez. “… Fue íntegro y congruente. Ni cambió de ideas, ni se mudó de partido, ni regaló sus lealtades…”, Germán Martínez Cázares, Diario Reforma.

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Un comentario sobre “Plataformas Electorales, Programas de Gobierno y Agendas Legislativas

  1. Admiro tu increíble labor para inculcar la participación ciudadana como prioridad en el actuar de un Gobierno que represente a un Estado Democrático como el que constitucionalmente se supone que somos, pero veo con mucha tristeza que los fines de la partidocracia actual, no tienen ni en forma remota el objetivo de incluir a la participación ciudadana en sus propuestas de gobierno. Solo confían en ganar las elecciones con dinero y con falsas promesas de regalar todo a los ciudadanos.
    Esto esta pasando en Puebla, espero que en Hidalgo con los vestigios del Grupo Rojo Lugo no este haciendo lo mismo.

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