El Proceso Electoral,  Oportunidad para la Transformación Social

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Las ideologías de confrontación, fueron el escenario que llevaron al mundo al borde de un desastre para la humanidad. La lección fue tan dura, que el periodo de la “Guerra Fría”, hizo gélida al alma de la sociedad.

La crítica se convirtió en censura, la verdad en insolencia social, la corrupción en ironía y el cinismo, en bandera de una clase política que le dio la espalda al pueblo.

 ¿Será por ello que las caras nuevas encierran el mismo enigma que las antiguas?

¿No es esta la evidencia histórica de falta de concreción social de la política?

¿Qué hará diferente el comportamiento histórico de los partidos y sus candidatos?

¿Cómo pensar a un México libre desde la desigualdad social, frente a un sistema de partidos que sólo responde a los intereses de una élite política anquilosada?

Las respuestas son tan intrincadas como las preguntas, pero sin duda para esclarecerlas, debemos empezar por las ideas y la conciencia.

El ciudadano debe hacer valer sus ideas y encarnarlas en el poder, porque al ser precursoras de todo cambio, fortalecen la institucionalidad; depuran y orientan el rumbo, y están acompañadas de una conciencia social proclive a la igualdad de oportunidades del desarrollo humano.

Es necesario ante la erosión evidente del Estado de Derecho, afianzar su operatividad y aplicación efectiva. La ciudadanía asume que la clase política, al no concretar ni resguardar las prescripciones del Contrato Social, lo ha vuelto letra muerta. Ninguna sociedad que haya visto vulnerada su voluntad, puede confiar en el Estado. Más aún, el ciudadano que se ha visto traicionado en el ejercicio de gobierno, inocula el virus de la desconfianza en la política.

En el imaginario colectivo, el año electoral 2016 transita una ideología en la que impera la desconfianza y la incredulidad social. Esta contienda política no debe repetir la historia de convertirse en un mecanismo antidemocrático ni de marginación ciudadana, ni tampoco en espacio para la reproducción hegemónica partidista. Partidos y candidatos, no deben confundir a la sociedad con discursos ambivalentes ni demagógicos.   

Este proceso político debe ser el espacio del que emerja la transformación social fundada en la participación corresponsable de la ciudadanía, para que desde el consenso, se construyan opiniones favorables para trazar el camino de una agenda ciudadana de “Concertación Progresista”, que en el sufragio afiance el mandato del pueblo.

Frente al vacío ideológico y el precario poder de intermediación de los partidos políticos, se genera confrontación social; se impide la organización unitaria de las ideas; y se pierde la interlocución y conducción social para enfrentar las problemáticas de la realidad en un mundo sin cambios.

En este escenario antidemocrático y contradictorio de falta de concreción política, de aislacionismo gubernamental, de anquilosamiento institucional y de una sustantiva dosis de inconciencia ciudadana, se pavimentó el camino que extravió la cultura política y dejó a la sociedad en indefensión.

Empero, no hay culpables absolutos ni recetas de cocina ante una crisis sistémica en cuyas raíces coexisten las ideas. Ideas anticorrupción y proclives a la corrupción; principios de honestidad y de deshonestidad; de respeto a las instituciones y de anarquía indolente; de racionalidad política para construir y para destruir.

Frente a esta realidad, el piso mínimo estriba en que las facultades y atribuciones políticas deben entenderse claramente. Debe permear el compromiso cierto de una oferta electoral que corresponda a las agendas ciudadanas, que simplemente demandan acciones acordes a la esfera de competencia de los puestos que se disputan: de gobernador, legislador o de integrante de un ayuntamiento, presidente, síndico o regidor.

El desafío es claro: partidos y candidatos tienen la responsabilidad de hacer de la política una oportunidad ciudadana. Como conductores sociales, deben garantizar la redistribución y empoderamiento ciudadano en la toma de decisiones gubernamentales a través de un modelo político incluyente, que recupere la idea de que la política es un patrimonio ciudadano. 

No debemos caer en la indolencia de una sociedad donde la política es irrelevante para el ciudadano, porque entonces el ciudadano se vuelve irrelevante para la clase política.

Sin diálogo político en este proceso electoral, la democracia está incompleta. Las ideas y las voces ciudadanas, deben plasmarse en acciones políticas, que impidan preservar intereses mezquinos o hegemónicos o estar a merced de la autocracia política. 

Es imperativo ciudadanizar las estructuras políticas e institucionales. No se puede construir el poder desde la verticalidad. La conciencia social no puede estar al margen ni de la clase política ni de las acciones gubernamentales.

La evolución del sistema político hacia una democracia sin déficit ni vacía, sólo podrá darse cuando las ideas ciudadanas se conviertan en ideas políticas; y cuando la verdad deje de ser monopolio de estructuras gubernamentales aislacionistas, que fragmentan la voluntad ciudadana y la convierten en una verdad a medias, o en una mentira de Estado.

Es necesario afianzar la horizontalidad del quehacer público; corresponsabilizar en los hechos a los ciudadanos en la toma de decisiones del Estado y abrir las lógicas políticas a las ideas sociales, sin  hacer de la política expresión lacónica de las ideas, ni el muro de las lamentaciones sociales, como es hoy.

La prescripción ética de probidad política debe emerger del proceso electoral. El ciudadano como origen y destinatario del progreso democrático, debe transitar a una sociedad horizontal, donde la libertad no sea una retórica populista, ni esté a merced de la voluntad de partidos y candidatos.

El cambio social se genera en la socialización de las ideas políticas, no en la limitación del acceso al poder ciudadano. La política no es prebenda ni privilegio de las estructuras formales del poder, sino de sus estructuras reales: el  pueblo.

Agenda

  • La Auditoría Superior de la Federación presentó el Informe General de la Cuenta Pública 2014. La obra pública implicó la realización de 670 auditorías a fondos y programas y muestran la existencia de deficiencias estructurales en los procesos de planeación, contratación, ejecución y supervisión.
  • El secretario de Educación Pública del Gobierno Federal, Aurelio Nuño, reconoció que Hidalgo se ubica entre los cuatro primeros lugares a nivel nacional en la evaluación realizada a los maestros. El Gobernador Olvera puntualizó que “…en Hidalgo existe una alianza del magisterio y del Ejecutivo con la reforma educativa, por ello, hay certeza, hay certidumbre y hemos entendido sus alcances“.
  • Ayer domingo 6 de marzo, ante el Consejo Político Estatal del PRI, el líder del CEN, Manlio Fabio Beltrones, tomo protesta al Lic. Omar Fayad Meneses, como candidato a Gobernador del Estado de Hidalgo.

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Un comentario sobre “El Proceso Electoral,  Oportunidad para la Transformación Social

  1. De acuerdo Lic. Coincido contigo las políticas públicas como su nombre lo indica invariablemente requieren de la participación de la Ciudadanía qué es quien tiene la necesidad de obras y servicios, una actividad sin esa participación no llena ha nada

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