Amnesia de Partidos Políticos y Desafección Ciudadana

Presentación1 (1)Los Partidos Políticos deben ser conductores sociales y la fuerza política indiscutible para hacer de la voz ciudadana, compromiso público y operatividad institucional.

Un Partido Político es un órgano de voluntad ciudadana, que en ningún caso puede ser sólo activo público durante los procesos electorales. Su tarea no culmina con el proceso electoral o el posicionamiento de sus candidatos; no puede reducir sus funciones al cálculo político, a las prebendas de élite, o al argumento sectario y oscuro de un grupúsculo que sólo se representa a sí mismo, porque de serlo, propiciaría que se deslegitime a la democracia, como régimen político.

Los Partidos Políticos deben reconocer que su desprestigio ha derribado el anhelo social de construir un país para todos; ha cancelado la esperanza de construir una sociedad justa, donde la legalidad no sea excepción, ni la corrupción el mal endémico de estructuras políticas y servidores públicos que no rinden cuentas; que no se comprometen con la ciudadanía o la engañan; que obvian la transparencia enclaustrándola a un discurso demagógico, cuyos resultados son evidencia de la crisis social que enfrentamos.

Ante la desafección y desconfianza ciudadana como efectos sociales que debilitan las instituciones y el ejercicio de gobierno, en 2008, en el marco de la 23a Sesión Ordinaria del Consejo Nacional de Seguridad Pública, efectuada en Palacio Nacional; los Ejecutivos Federal y Estatales, el Congreso de la Unión, el Poder Judicial Federal, junto con representantes de asociaciones de Presidentes Municipales, medios de comunicación, organizaciones empresariales, sindicales, religiosas y de la sociedad civil, suscribieron el “Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad”.

Este Acuerdo sentó un precedente: México no puede quedar preso de la delincuencia; del anquilosamiento de sus estructuras gubernamentales; o de la inconsciencia e inmovilismo de la sociedad civil. Se requiere consolidar los avances en la depuración y control de instituciones públicas y funcionarios de los tres niveles de gobierno, ya que lo alcanzado, es notoriamente insuficiente ante el cáncer que socava el espíritu de la Nación: la corrupción y la infiltración del crimen organizado.

En medio de esta compleja circunstancia, se debe enfrentar la realidad de los ciudadanos que deambulan en el desconcierto, la negligencia y la disociación política; en la pobreza del trabajo público; en la fractura de los vasos comunicantes de la corresponsabilidad entre ciudadanía y gobierno; y en la falta de integridad y probidad del servicio público, de quienes no pueden ignorar el Estado de Derecho, por tener la obligación de hacer cumplir el mandato del pueblo.

En este contexto, la convocatoria del Presidente Peña Nieto, a las fuerzas políticas y organizaciones de la sociedad civil, ha resultado loable, puesto que se propone “asumir el compromiso de emprender cambios de fondo, fortalecer nuestras instituciones y sobre todo, asegurar la vigencia plena del Estado de derecho”.

Ante el anuncio del Presidente de la República, los Partidos Políticos han reaccionado, mostrando una disposición tangencial a comprometerse y limpiar las anomias que ellos mismos han generado, concretándose a recomendar sólo acciones a cargo del Ejecutivo.

Considero que el compromiso de emprender los cambios de fondo que México necesita, requiere gestarse y asumirse desde los partidos políticos. Es una responsabilidad que no pueden eludir, por corresponderles la tarea de integrar los órganos del poder público; responsabilidad que deberán cumplir, asegurándose de impedir el marasmo de las estructuras políticas y sociales, carentes de coherencia, credibilidad y confianza.

Esta prescripción política, al convoca a fortalecer a las instituciones y asegurar la vigencia del Estado de Derecho, advierte la necesidad de corresponsabilizar al Gobierno con la ciudadanía. Esta visión, considera que el reclamo social a los partidos políticos es contundente por lesionar el principio de representación democrática, ya que siendo el ciudadano el actor principal, lo marginan y lo vuelven elector funcional, lo que impacta en la credibilidad y confianza en las instituciones y en la legitimidad del Estado de Derecho.

En este escenario, el proceso electoral del 2015 nuevamente genera un dilema ciudadano: ¿Cómo reconocerse e identificarse con los partidos políticos y con la democracia, cuando la experiencia ha acumulado desencuentros y signos inequívocos de disfuncionalidad de las estructuras políticas?

La respuesta es contundente. Requerimos un Sistema de Partidos Políticos que asuma el compromiso de respetar la voluntad política de los electores expresada con su voto en favor de un programa, y exigir el deber de su cumplimiento en el ejercicio de gobierno, haciendo de la justicia social, la vanguardia de su operatividad en un Estado incluyente y ciudadanizado. El “voto programático”, no es una prerrogativa ni del partido, ni de sus candidatos; es la potestad ciudadana que se expresa en la confianza de una plataforma política, para afianzar la gobernanza del pueblo.

La amnesia de los partidos que no cumplen con sus plataformas políticas, en estos momentos, es una problemática abierta ante la incapacidad de garantizar el ejercicio de los deberes públicos a sus candidatos, que una vez en sus puestos, se vuelven figuras incontrolables, oscuras, de dudosa reputación y carentes de integridad personal y política.

Ayotzinapa indica y alecciona esta problemática. José Luis Abarca es el ejemplo categórico que la deshonestidad política se ha enquistado en el ejercicio del poder y la manera de cómo se vulnera el principio de probidad y trayectoria ciudadana, que son la esencia y límite entre justicia y criminalidad, que ha infiltrado y erosionado las estructuras institucionales.

Revertir esta realidad, requiere que el Sistema de Partidos Políticos, no se encuentre a la zaga de la conducción ciudadana. Su guía e interlocución, no debe resultar parcial, ni alejada del sentido de integridad pública, hacer lo contrario, genera desconfianza, pérdida de credibilidad y legitimidad, y acciona la disociación histórica que ha provocado la indignación ciudadana.

La conciencia política hoy, cuando se olvida del pueblo, pierde relevancia y significación social, negándose como conciencia histórica mañana.

Agenda

  • El Presidente Peña Nieto aclaró que no piensa tolerar que ningún escándalo empañe los proyectos de su mandato. En una decisión sin precedentes, dejó sin efecto la licitación del tren de alta velocidad de la Ciudad de México a Querétaro, por 4.800 millones de dólares.
  • Todo un éxito resultó la 5ª Expo Ecoarqueológica Tula 2014, que organizamos el CCCEH, la SEMARNATH, la STyCH, el INAH y la Presidencia Municipal de Tula de Allende, Hgo., que se llevó a cabo este fin de semana; su propósito fue sentar las bases para formar los liderazgos que encabecen las acciones estatales ante el cambio climático, que necesitamos enfrentar y revertir.

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