Los Partidos Políticos y su Dimensión Histórica en la Reforma Política

marginacion y miseria 01Las calles en Brasil evocan en la memoria histórica las luchas sociales que no pueden sernos ajenas; 1968 es prueba de la erosión y peligros de un orden gubernamental rebasado, donde la inequidad social, la miseria y la carencia de oportunidades de los ciudadanos, marcó la lucha por los derechos políticos y los derechos humanos en un desencuentro cuya herida no puede infringirse nuevamente en nuestro suelo.

Esta evidencia histórica, demanda que la Reforma Política no puede sustraerse a la transversalidad del ejercicio gubernamental. Más allá de estabilizar las oportunidades de las fuerzas partidistas y políticas, debe devolverle al ciudadano el equilibrio de una sociedad que supere la promesa y la esperanza que la demagogia política ha vertido, propiciando el descrédito ciudadano que hoy es crisis social y por lo tanto crisis política.

Las fuerzas partidistas deben asumir su responsabilidad social e histórica. El pueblo, su pueblo, no es botín político ni prebenda de élite. No se puede equivocar el rumbo de la Reforma Política cuando la Nación clama por la unidad honorable de la justicia social, de la reivindicación humana de los que menos tienen, de aquellos que no son boleta electoral, sino conciencia cierta de una ciudadanía que a lo menos que puede aspirar, es que su representación la dignifique, haciendo de la política el verdadero vínculo del Contrato Social.

Esto nos enseña que en una democracia, ni los partidos políticos ni los ciudadanos pueden disociarse, porque ocasionan disfuncionalidad del orden político, social, cultural y económico imponiendo nuevas responsabilidades, que no pueden ser eludidas, ni por la clase política, ni por los ciudadanos.

Frente a esta realidad, el Presidente Peña Nieto, al plantear en el marco de la Reforma Política la reinstitucionalización del poder, marca como premisas básicas, hacer efectiva la ingeniería del Contrato Social para evitar la fragmentación del Estado que lleva correlativa la fragmentación de su fuerza unitaria; y compromete la consolidación de la transparencia y la rendición de cuentas, porque implica el fortalecimiento de la democracia y del mandato ciudadano, para imponer en el ejercicio cierto del quehacer político, la corresponsabilidad como vanguardia del poder del pueblo.

En México, los atributos ciertos de las estructuras políticas son determinados de acuerdo a las reglas de un sistema que caracterizan a nuestra República, como Federal, Democrática y Representativa, lo cual marca que el poder político, fue construido como producto de una voluntad ciudadana, que encontró en el Federalismo, el primer fundamento de la horizontalidad social que hoy refrenda la composición orgánica de los estados, donde cada entidad, bajo el espíritu de su vocación histórica, gobierna para su pueblo en unidad indisoluble con la Nación.

A pesar de estas virtudes de nuestra democracia, los partidos políticos tienen una precaria conducción e interlocución ciudadana, que ocasiona una gran distancia entre la sociedad civil y la sociedad política, y ha instaurado en los hechos, “el gobierno de los representantes del pueblo y no el gobierno del pueblo”.

Estos síntomas, nos muestran la erosión de los partidos, la inopia funcional de sus plataformas electorales, el demérito del mandato ciudadano, la descomposición política que en los procesos electorales se manifiesta en la autoexclusión o abstencionismo recurrente; el desinterés del ciudadano de ser representado; y la falta de interés en participar para influir en el quehacer público.

Esta crisis, refleja la pérdida de credibilidad, legitimidad y gobernanza política. Tiene su raíz en el conformismo de los ciudadanos, cómplices involuntarios de la inestabilidad democrática; así como en la representación partidista, que ha empobrecido sus principios ideológicos, creando un aislacionismo político, cuyo marasmo, es la erosión del principio de representación.

En otro sentido, debe admitirse que la independencia ciudadana es siempre, interdependencia social, porque es el reflejo de la capacidad de los ciudadanos para fortalecer las organizaciones sociales y partidistas, y un espacio positivo de conducción del poder político. Sin embargo, la crisis de representación y la aprobación de la consulta ciudadana en el marco de la Reforma Política, ha dado pie a la instauración de dos figuras de estructura político-electoral, el Plebiscito y el Referéndum.

El Plebiscito se circunscribe a la aprobación ciudadana sobre un acto de los Poderes del Estado, como lo puede implicar una Nacionalización o Expropiación por utilidad pública. El Referéndum, puede ser obligatorio o consultivo; en el caso del Referéndum obligatorio, el Estado se vincula jurídicamente a cumplir, mientras el Referéndum consultivo no implica, necesariamente, obligatoriedad para el Estado de cumplir con la opinión ciudadana.

Pero, ¿por qué nos encontramos en la antesala de estas posibles figuras de participación política como el Plebiscito y el Referéndum? La respuesta es contundente: los partidos políticos no son estructuras eficientes de equilibrio social y representación política. Esta es la razón consustancial a la erosión de las estructuras gubernamentales, y la explicación del debilitamiento de nuestro sistema político.

Este escenario demanda reflexionar sobre la dimensión histórica de los partidos políticos, discutir sobre su ciudadanización y la forma de cómo articular en la participación, la estructura de legitimidad de sus acciones; fortalecerlos, implica devolverle al pueblo el gobierno, activar la conciencia y la cultura política como patrimonio de vida y calidad de vida de los ciudadanos.

La historia política es historia social. Se escribe para dignificar al hombre en sus conquistas sociales. Los partidos políticos son fuente de equilibrio no sólo ideológico sino también social. Es su dinamismo frente al Estado lo que fortalece los contrapesos de los Poderes, entregando al ciudadano la salvaguarda de la conciencia que lo hace pabellón y artífice de su destino.

Agenda

  • Fue importante que el Senado de EU aprobara la Reforma Migratoria que permitirá regular la situación legal de 11 millones de indocumentados, ahora hay que estar pendientes de lo que suceda en la Cámara de Representantes.
  • “México un país de clase media”, fue el título del reporte del INEGI. Resultó todo un caso de ironía, ya que en el país el 60% de la población está en la pobreza.
  • El Presidente Peña Nieto anunció que el Instituto Nacional del Emprendedor, canalizará inversiones por nueve mil millones de pesos a las PYMES, para generar habilidades gerenciales y apoyar el acceso a la tecnología.
  • Es preocupante y verdaderamente grave que la corrupción haya alcanzado a un Prelado del Vaticano, mientras que aquí en Hidalgo, algunos Alcaldes siguen teniendo problemas con la Auditoría Superior del Estado por la misma causa.

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