El valor del mandato ciudadano y la confianza institucional.

Recordemos que en las formaciones humanas de la Antigüedad Clásica y en las estructuras monárquicas, los hombres se encontraban subsumidos frente a la comunidad política; la individualidad era un aspecto residual de la vida social y el poder provenía de las condiciones míticas del derecho divino.

Sin embargo, la historia nos aleccionó con dos eventos sustantivos que condensan la mayor conquista de los sujetos sociales: la Revolución de Independencia de los Estados Unidos de América y la Revolución Francesa,la emancipación frente al Estado, y la conquista de los derechos políticos que encuentran en la democracia el nuevo espíritu de la comunión social. La libertad política.

En este escenario, la construcción del Estado es por los hombres, pero la edificación de la ciudadanía es por el Estado. Es decir, se es ciudadano bajo el empoderamiento de la conquista social, que hizo del derecho político, el basamento jurídico de la voluntad política ciudadana,como potestad suprema y como epicentro de la democracia, donde el mandato del gobierno es por el pueblo, y para el pueblo.

La expansión de la democracia durante los últimos años es evidente.Mediante elecciones, el pueblo soberano integra los órganos del poder público y delega en sus representantes la capacidad de tomar decisiones. No obstante,se da también la crítica permanente al sistema político y de gobierno cuestionando la representatividad de las instituciones, la falta de gobernabilidad y la escasez de legitimidad en las decisiones y resultados.

En la lógica de la democracia, hoy en nuestro país se impone el imperio de la razón política, y dará inicio un nuevo ejercicio gubernamental presidencial, donde la historia política inmediata, recoge la encrucijada ciudadana por la reconciliación entre el valor del mandato y la confianza institucional.

En esta histórica circunstancia, cumplir las aspiraciones sociales y lograr el equilibrio político, dependerán de que el mandato que proviene de la ciudadanía efectiva, cobre operatividad, procese la demanda efectiva de los sujetos sociales, y otorgue respuestas expeditas.

Esta condición reclama reconocer que el empoderamiento ciudadano es la potestad de la razón jurídica del Estado, el Corpus Iuris de lo que he denominado el Continuum Político; es decir, el ejercicio de gobierno provisto de un mandato político que no atiende a cronologías, sino a la voluntad ciudadana,que en esencia, debe evitar la jerarquización autoritaria del poder político y encontrar en la planificación democrática del Estado, el auténtico ejercicio del mandato soberano.

En este contexto de gobernabilidad democrática, corresponde a los Partidos Políticos la función primordial del empoderamiento ciudadano,y asumir el poder público. Cumplir esta responsabilidad,implica que deben convertir sus plataformas políticas en mandato ciudadano, fortalecer el consenso de sus bases militantes, impedir las estructuras de élite que empobrecen y debilitan la política y el ejercicio de gobierno,provocando la disidencia ciudadana que aleja la participación y anuncia la pérdida de confianza que hoy nos polariza.

La disidencia ciudadana que se expresa en el divorcio entre sociedad civil y sociedad política;y de manera lamentable, en el abstencionismo por la pérdida de credibilidad y confianza en los Poderes Plenos de la Nación, impone para la clase política, la necesaria reflexión y revisión de los alcances de nuestro derecho político, porque es impostergable hacer del mandato gubernamental,un ejercicio de ciudadanización que no descuide las necesidades de la sociedad,y que haga de la participación política,una actividad de todos los ciudadanos, no sólo de los dirigentes políticos.

Considero que estos antecedentes,sirven de referente a las acciones de probidad política del Presidente Electo, Enrique Peña Nieto, quien está promoviendo pronunciamientos e iniciativas para orientar y demostrar que en la construcción de la política gubernamental, el mandato ciudadano debe ser atendido evitando su fragmentación, garantizando que el ejercicio de gobierno se haga por el todo social y para el todo social, ya que esa es esencia de la democracia, que no reconoce mayorías o minorías en el ejercicio pleno de la política que dignifica al Estado.

Es alentador advertir el entendimiento de los signos del mandato ciudadano,que implican necesariamente crear una sociedad abierta que no admita el autoritarismo político-administrativo; y que encuentre en la honradez, el orgullo del servidor público que acata el mandato que representa, sin distingo de voluntades, ni sectarismos o intereses de grupo.

El inicio del mandato del Lic. Enrique Peña Nieto como Presidente de la República Mexicana, es una oportunidad para repensar la política y revalorar la lógica de la democracia vigente; para construir un Estado no más grande, sino más sólido,que haga de la funcionalidad de las instituciones, no sólo el paradigma de la ciudadanización y empoderamiento social, sino el modelo de una cultura política que se exprese en el bienestar y desarrollo dela población, pero particular y significativamente de los que menos tienen.

En el orgullo del servicio público, es el Presidente de la República el Primer Mandatario, y como tal, hace de la voluntad política de la ciudadanía efectiva, el valor-oportunidad de la conciencia nacional, donde la comunión entre los sujetos sociales, se encuentra en el vínculo indisoluble de una identidad histórica que trasciende a la arena política, para concertar con carácter progresista, lo que la patria prohíja para el todo social: El bienestar ciudadano.

 

Agenda

 

 

  • El“Auditor Electoral Ciudadano” y el “Voto programático”,hacen del mandatode una ciudadanía persuadida que otorga su voto y su confianza,fuente de legitimación y sustento de los poderes públicos.

 

  • Traicionar la voluntad política depositada en las urnas al incumplir o desatender los compromisos propalados en la Plataforma Electoral, socava la credibilidad de gobernantes y Partidos Políticos y enrarece la dinámica democrática.

 

  • El mandato ciudadano materializado en el acto libre de hombres y mujeres que delegan en las urnas la gestión de los más altos intereses ciudadanos a representantes de diversos Partidos Políticos, constituye por excelencia un acuerdo de voluntades.

 

  • Hay que otorgar al mandato ciudadano un carácter vinculante,para evitar las graves consecuencias políticas y jurídicas que revisten la desconfianza y el abstencionismo entre los electores.

 

La confianza resulta un valor determinante para que mandantes y mandatarios, encuentren en el ejercicio del quehacer democrático, la dinámica que nutra la correspondencia entre políticas públicas y anhelos ciudadanos.

Los comentarios están cerrados.

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑