La disociación de la representación ciudadana.

Hemos insistido en la importancia que tiene la organización y el funcionamiento adecuado de las estructuras políticas, de gobierno, orgánicas, programáticas y presupuestales de los Ayuntamientos Municipales, para prestar de manera eficiente, suficiente y oportuna, los servicios públicos que la Constitución les señala como deberes.

La falta de funcionalidad es aprovechada para manifestar impugnaciones y provocar disociación entre la sociedad política y sociedad civil, dando la impresión o la certeza de que vivimos el agotamiento de un modelo de representación política, cuestionado por la falta de efectividad en el resguardo de la integridad ciudadana por medio de los derechos políticos que aseguren equidad, armonía y justicia social del orden sistémico.

El problema de fondo que tenemos que resolver, demanda en primer lugar identificar los elementos de la realidad social propiciatoria de esta disociación.

Al respecto, los gobiernos municipales muestran diversos elementos donde la representación política partidista en el Ayuntamiento, le da forma al divorcio entre la clase política y los ciudadanos.

¿Cómo arreglar este divorcio?, la respuesta es sofisticadamente sencilla, demanda de los integrantes del Ayuntamiento, “entender que son autoridades” y que en consecuencia, deberán asumirse como tales, y sujetar su desempeño en una relación que les permita una observancia puntual de sus competencias y deberes constitucionales y legales, tomando decisiones con independencia del partido que los haya postulado.

He propuesto que los Informes de los Presidentes Municipales, se cambien por Informes de Gobierno del H. Ayuntamiento para recuperar la esencia constitucional de constituir el Continuum Político, para que el deber de rendir cuentas, se cumpla con la presencia y participación de quienes integran el órgano de gobierno constitucional, es decir, el Presidente Municipal, los Síndicos y los Regidores y evitar que este evento se convierta en una arena política de expresiones temerarias.

Los informes municipales en este escenario resultan anacrónicos, se vuelven botín y disputa partidista, revelan Ayuntamientos ajenos a la representación ciudadana, alejados del mandato del tejido social y en algunos casos, disociados de sus propios partidos, con sus vínculos ideológicos fracturados, cayendo en un individualismo político mezquino.

Considero que no es suficiente señalar la existencia de esta fragmentación-disociación que hoy nos aqueja, hay que definir qué hacer para recomponer esta fractura. En este propósito, es impostergable exigir a los Partidos Políticos que cumplan la responsabilidad constitucional y legal que tienen asignada, para que sus correligionarios que integran los órganos del poder público, se formen y capaciten en sus escuelas de cuadros, y de esta manera al ocupar puestos en el servicio público, tengan al menos una idea básica del funcionamiento de las estructuras gubernamentales donde se desempeñen.

Un Partido Político, es una estructura de poder público que se erige bajo principios e ideología, para generar e impulsar una forma de hacer gobierno en el marco del Estado Democrático de Derecho.

En los Partido Políticos, los militantes deben encontrar un medio de organización político-ciudadana, cuyos mecanismos confieren la representación de sus agremiados a los candidatos, y a su vez, los candidatos son el vehículo político de integración de las bases militantes y la interlocución-mediación con las estructuras institucionales gubernamentales.

Esta circunstancia, afianza el análisis de la fragmentación del poder político y la disociación entre sociedad civil y sociedad política que hoy vivimos, porque los partidos políticos, no son ya la justa expresión del diálogo de los ciudadanos y los agremiados en sus estructuras frente al ejercicio del poder público; ello, porque sus representantes, como servidores públicos, establecen en diversas ocasiones rupturas o erosiones con sus propios partidos, cuestión delicada porque la representación ciudadana cae en el individualismo de la voluntad política del servidor público, y no en el sustento ideológico y de representación de poder que se originó en su estructura partidista.

En los Ayuntamientos, esta realidad tiene que abordarse encauzando la participación ciudadana hacia la planeación democrática para darle a la organización política-administrativa del Ayuntamiento, las herramientas y mecanismos que hagan del poder político la concreción de las tareas ciudadanas.

No podemos permitir la fragmentación de la institucionalidad, ni que el Estado de Derecho sea rebasado, para ello, tenemos que utilizar la planeación democrática para orientar nuestras acciones institucionales respetando su esencia. El Continuum Político de la gestión gubernamental, debe ser la mejor herramienta de la planificación democrática y reflejar un ejercicio gubernamental concebido para adecuarse a los cambios sociales y no los cambios sociales al escenario gubernamental.

La realidad política que viven hoy los Ayuntamientos, al no asumirse con plenitud como célula básica de la integración comunitaria y vecinal que da sentido y cabida al ejercicio de gobierno de la República, representa un riesgo que hay que evitar dimensionando su importancia como el espacio ciudadano que nos ha permitido edificar las institucionales nacionales.

Al respecto, hay que tener presente que la representación ciudadana sin ciudadanos, es el principal motivo del divorcio entre sociedad política y sociedad civil, por eso hay que insistir que el compromiso ético y político de los representantes, es responder tanto a la sociedad, como a sus formulas partidistas.

En esta tarea, se impone combatir el debilitamiento de las ideologías de los partidos políticos y la carencia de controles del ejercicio gubernamental, que exigen hacer de la transparencia y la rendición de cuentas una realidad.

Reitero mi convicción de que el poder político sin participación ciudadana es tierra estéril, la clase política, no puede ser ni una élite, ni un grupúsculo indolente al mandato ciudadano, no podemos perder ni el rumbo constitucional, ni el ejercicio de la probidad e integridad política, en ellas, se funda no sólo la razón de Estado, sino su propia génesis que deviene de la articulación de todo un pueblo que en 1917, como ciudadanos libres e iguales, nos legaron la responsabilidad de crear la institucionalización del poder.

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Un comentario sobre “La disociación de la representación ciudadana.

  1. Me ha impresionado la forma tan minuciosa que expresas en tu Columna al analizar, diseccionar y escanear la realidad de la estructura del poder público en el nivel municipal. El Informe del Presidente Municipal se preevé en la ley como un acto para exhibición entre funcionarios de la Asamblea Municipal y no una rendición de cuentas a la ciudadanía.
    Si fuera aplicado el principio de, “se informa a quien manda”, como regla para mantener un orden de organización social y permanencia en el cargo, veriamos una diversidad impresionante de modelos o protocolos de informe, ya que cada persona que ejerce un cargo público en el municipio se debe a un diverso actor de la política. Alguno informaría a los que votaron por él, otro al partido que lo llevó al poder, otro mas al abstencionismo, algunos al ejecutivo estatal; en otros casos veríamos que se informaría a un grupo de poder, fáctico,económico ó sindical.Y en casos de verdadera paranoía foxiana, un extraviado no sabría a quien informar.
    Lo que acota este escenario es solamente el miedo, sí el miedo del informante a perder el poder, así que elige la opción de menor confrontación posible. Por eso acabamos de ver recientemente los variados modos de “rendir cuentas” de algunos munícipes.
    Lo que a menudo está retorcido en la actualidad es la manera de llegar al poder y una de sus consecuencias es la forma de ejercerlo, así como de informar.
    Nada cuesta hechar a andar la imaginación y la creatividad. Ahí va un ejercicio:
    El remedio sería que la ciudadanía real y efectivamente llevara a sus gobernantes al cargo público, empezando por el Presidente Municipal, siguiendo con los Regidores, los Síndicos, los Secretarios, los Directores y los Auditores.
    Aquí los partidos tendrían que ofertar prospectos a los votantes, no postular candidatos. De esa variedad de opciones, una primera votación ciudadana formal sería para obtener ternas para cada cargo, que el organismo electoral plasmaría en las boletas para una segunda y definitiva votación. Los prospectos ciudadanos serían incluídos.
    La ciudadanía habría mandado y todos los funcionarios electos se deberían a ella.
    Como complemento el organo electoral habría electo en igual forma, sería local, autónomo y temporal, para no ser una carga burocrática y financiera.
    Bueno soñar no cuesta.
    Saludos y felicitaciones por tu gran aportación a la cultura ciudadana mediante Perspectiva.

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