El futuro Presidente de la República, frente al futuro de México.

Para cuando se publique esta columna, el país habrá vivido una jornada electoral histórica.

Un reconocimiento a todos los ciudadanos que con su voto decidieron el futuro del país y a los que participaron en las mesas de casilla como funcionarios, representantes de partido y observadores.

Mi felicitación al futuro Presidente de México y a los Senadores y Diputados que integrarán el Congreso de la Unión.

Los mexicanos debemos apreciar que más allá de las confrontaciones propias de cualquier proceso político, hemos logrado acordar, a través de los años,  las reglas y la construcción de las instituciones que nos permiten el ejercicio de nuestros derechos políticos para renovar a los integrantes de los órganos del poder público.

Espero que la ciudadanía haya acudido masivamente a las urnas como señal de rechazo contundente al camino de la violencia y como muestra de confianza en nuestras instituciones. En este particular Enrique Krauze nos dice, “hay que cuidar el edificio de la democracia que tanto ha costado construir. Lo que nos queda es mejorar y modificar ese edificio, pero no minarlo y menos derruirlo”.

Hoy sabemos quién ocupará la presidencia de la República hasta el año 2018, cómo se conforman las fracciones parlamentarias en las Cámaras del Congreso de la Unión y los resultados obtenidos en las 16 Entidades Federativas que tuvieron elecciones locales.
Este nuevo escenario, corresponde a un México en el que los ciudadanos son  mucho más participativos y disponen de poderosas herramientas y medios tecnológicos para hacerse oír, para comunicar sus propuestas y para exigir solución a sus demandas.

Estimo que esta circunstancia, es una oportunidad que debe aprovecharse para recobrar  la confianza y la credibilidad en el gobierno, para lograr que la ciudadanía realice un ejercicio de reflexión y exprese un juicio sereno sobre el papel que cada individuo debe jugar para ejercer sus derechos y asumir las obligaciones que le confiere la vida democrática.

El futuro Presidente de la República, se enfrentará a un México fragmentado por la desigualdad social y los altos niveles de pobreza; y a una severa crisis que conjuga los efectos del estancamiento económico, con la falta de eficacia de los sistemas de seguridad pública y procuración e impartición de justicia, atribuible a la corrupción y a la impunidad.

Tendrá que resolver, que hacer ante el complicado entorno de la crisis de la Unión Europea y la desaceleración económica de Asia y Estados Unidos, cómo solucionar el precario desarrollo rural y la deficitaria producción de alimentos, cómo mejorar los servicios de educación y salud, cómo ordenar el anárquico desarrollo urbano y como cuidar la ecología y el medio ambiente.
Considero que el próximo Presidente de México, se abocará a construir las condiciones de legitimidad necesarias para sumar voluntades políticas e intereses económicos en pactos y acuerdos que fortalezcan la unidad nacional.

Tendrá que encontrar las formas que permitan enfrentar con éxito, no sólo las enormes dificultades que desde el exterior nos afectan, sino las internas, que demandan resolver la conflictiva que plantea la expansión de las libertades políticas y económicas de la sociedad, la magnitud de los problemas de atraso e injusticia social, y las complicaciones de estar en medio de una transformación mundial de corte histórico, que imponen al Estado y a la sociedad, problemas cruciales de organización política, de organización gubernamental y de gestión pública: de política y políticas.

En esta lógica, considerando horizontes de corto, mediano y largo plazo, deberá promover la participación corresponsable y comprometida de la ciudadanía en el diseño y ejecución de las políticas públicas que el país necesita.

Estoy cierto que la participación ciudadana en el quehacer gubernamental, hace de la política un mecanismo concertador y ordenador de la voluntad del pueblo; alienta el dialogo y la deliberación entre todas las corrientes; y, da viabilidad y continuidad a los proyectos que expresan respuestas y soluciones a las demandas más sentidas de la sociedad.

Es impostergable que el próximo Presidente, comprometa acciones para que la participación ciudadana reactive el sentir nacional en un marco de vitalidad transformadora de la vida pública, y evitar que el poder caiga en manos de la mediocridad, la improvisación y el populismo; impedir los riesgos de gobernar en la inmediatez y la temporalidad; y, consolidar la vida democrática sustentada en el respeto a los valores de libertad, pluralidad y tolerancia.

En los próximos días, escucharemos al futuro Presidente de México decirnos cómo  ejercerá sus facultades en materia de seguridad, política, cultura, economía y política social, cómo serán sus relaciones con una sociedad más democrática, plural, abierta, informada y participativa y cuál es su visión y compromiso con un Nuevo Federalismo.

Sabremos sus definiciones, principios y lineamientos para conducir un gobierno acotado por los contrapesos de los otros poderes del estado, por las libertades individuales constitucionalmente garantizadas, por una opinión pública crítica y por la exigencia de rendir públicamente cuenta de sus actos.

Estaremos atentos del proceder del futuro Presidente de cara a una sociedad cada vez más autónoma, compleja y controversial, con capacidad de organización e iniciativa para promover libremente sus intereses; estremecida por las rápidas innovaciones tecnológicas, por la globalización económica y por los cambios demográficos; indignada por los problemas de desigualdad, pobreza, atraso e inseguridad; y por supuesto, observaremos puntualmente lo qué hagan los Partidos Políticos frente a esta problemática.

Agenda

  • Las respuestas a nuestra compleja realidad social son múltiples y tienen que discutirse y operarse contando con un amplio respaldo social que les otorguen legitimidad.
  • Las políticas públicas que se diseñen, gestionen y desarrollen, tendrán que alcanzar acuerdos sobre la jerarquía de valores, el orden de las preferencias, las metas prioritarias, los instrumentos y procedimientos para su ejercicio, la asignación de recursos, los indicadores de rendimiento y los procedimientos de coordinación.

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