Participación ciudadana, garantía de confianza y certeza.

No cabe duda que México vive grandes momentos y desafíos. Son muy graves los estragos causados por la violencia, la profundización de las desigualdades sociales y regionales y la desintegración del tejido social ocasionado por la pobreza y la marginación. Son inobjetables los datos duros que dan cuenta del escaso crecimiento económico, la falta de empleos y el bajo nivel de competitividad del país.

Este 1 de julio, los ciudadanos estamos llamados como cada seis años a acudir a las urnas para elegir a quien será el próximo Presidente de la República, así como a los senadores y diputados federales que integrarán el Congreso de la Unión. Debemos hacerlo pensando que está en juego el rumbo del país y está comprometida la consolidación democrática de nuestro sistema político y de gobierno.

Es el momento en el que los ciudadanos debemos preguntarnos qué queremos para el país. El próximo domingo debemos elegir a quien garantice respeto a las instituciones nacionales, experiencia de gobierno y un proyecto de país estable, próspero, equitativo y democrático que defina el destino de las próximas generaciones.

Los ciudadanos esperamos que los Partidos Políticos y candidatos, no pierdan de vista que el desarrollo de la jornada electoral estará en manos de miles de ciudadanos que aceptaron la tarea; que les entregaron en sus domicilios las urnas, las mamparas, las boletas, las actas, la tinta indeleble, las maquinitas para marcar las credenciales, los crayones y la lista nominal de electores; que se capacitaron debidamente para identificar a los votantes, cerciorarse que aparezcan en la lista de electores, recibir y contar los votos, levantar las actas y distribuirla a los representantes de los Partidos Políticos, integrar y entregar al IFE los paquetes electorales y dar cuenta con certeza de los resultados electorales.

No es una institución del Estado la que se encuentra a cargo de los comicios, sino 140 mil personas que tienen en sus domicilios todo lo necesario para instalar las casillas y el día de la elección, los presidentes de las mesas directivas de casilla, acompañados por el secretario y los escrutadores, vecinos de la sección como ellos, e igualmente sorteados y capacitados, todos propietarios y suplentes, suman más de 900 mil ciudadanos, y los representantes de los partidos, instalan la infraestructura que hace posible que más de 79 millones de ciudadanos inscritos en la lista nominal puedan sufragar. Resulta asombroso, claro… para quien quiera verlo.

“Se trata, como dice José Woldenberg, de una sola cosa: Transparentar el cómputo de los votos para construir confianza….Que las elecciones sucedan y sucedan bien es lo más importante….se trata de una de las construcciones civilizatorias más deslumbrantes. Una fórmula participativa, pacífica, institucional y ordenada, por la cual una sociedad abigarrada y contradictoria expresa sus preferencias para dotarse de un gobierno legítimo y un cuerpo legislativo que recoge la pluralidad de pulsiones que modelan a la propia sociedad.”

Esta importante participación de miles de ciudadanos en los comicios electorales debidamente capacitados y organizados, desde luego que construyen la confianza que se requiere en esta coyuntura en la que México necesita ir hacia la modernización, hacia la justicia, hacia la seguridad ciudadana, hacia el abatimiento de la pobreza y la desigualdad, y hacia el fortalecimiento de las instituciones democráticas, mediante el compromiso de hacer más responsables y sensibles a los políticos y a los ciudadanos.
Adicionalmente, es determinante lo que Juan Villoro nos recuerda: “Gracias a la tecnología y a numéricos métodos de conocimiento, ahora conocemos los hechos antes de que ocurran…el comportamiento colectivo responde a patrones fáciles de medir y de prever….Los resultados se conocen de antemano….La ansiedad anticipatoria se vuelve crónica en temporada electoral…Todos los días las encuestas confirman lo que ya sabemos. Esto resulta tranquilizador para quien está conforme y deprimente para quien desearía concebir una esperanza.”

Ignorar estas dos circunstancias y alentar la confrontación y la violencia es irresponsable y que alguien no lo entienda o finja no entenderlo, tiene graves y lamentables consecuencias.

La realidad del país no aguanta ya otros seis años de ensayo de promesas incumplidas; de reformas no realizadas y de proyectos no emprendidos; es el momento de superar la falta de planeación y visión de largo plazo, la ausencia de metas y acuerdos colectivos; de avanzar hacia una  agenda nacional común que defina las prioridades y los tiempos; que encauce los recursos y que guíe nuestra voluntad de avanzar en la ruta de crecimiento, desarrollo y progreso.   México necesita regresar la tranquilidad y la paz social a los ciudadanos, reclama estabilidad y respeto a las leyes y a las instituciones.

Agenda.

  • El balance de la Cumbre de Líderes del G-20, como foro de cooperación económica y financiera internacional, es positivo. Se  impidió que la crisis europea eclipsara la posibilidad de una agenda integral; se desechó la aplicación de medidas
  • proteccionistas, para evitar la recesión mundial y se apuntaló financieramente al Fondo Monetario Internacional. Sin embargo faltaron medidas concretas para enfrentar la crisis que amenaza el destino de Europa y del Mundo.
  • El Consejo Consultivo Ciudadano y la Sub-Procuraduría de Asuntos Electorales, imparten en distintas regiones del estado un taller de  capacitación sobre “Blindaje y Prevención de Delitos Electorales”, con el propósito de salvaguardar y proteger la legalidad y transparencia para la jornada electoral del próximo primero de julio.
  • Se instaló el Observatorio Ciudadano de Seguridad y Gobernanza Urbana, Región Tula, para sumarse coordinadamente a la labor de las instituciones y corporaciones policiacas de los tres niveles de gobierno. El Gobernador Olvera destacó el concurso de la Universidad Tecnológica Tula-Tepeji  en la formulación de mecanismos de prevención, proceder que se inscribe en el concepto “UNIRH, Universidades en Red de Hidalgo, Cultura para el Desarrollo”, que promueve el Consejo Consultivo Ciudadano para hacer que las universidades sean las protagonistas del desarrollo de las regiones y de los municipios y que los conocimientos que generan no se queden al interior de los campus.

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